viernes, 9 de enero de 2009

Poema Deslenguado


Si te tuviera frente a mí
te aventaría mi boca,
me embarraría en tu cara
para meterme en tus labios.

Me cogería tu boca con mi lengua,
chuparía la tuya como caramelo,
la mamaría como pezón.

Lenguetearía tu paladar
paladeando tu lengua.

Colgaría tus dientes de mis labios,
apresaría tu lengua en mi boca,
la mordería para arrancártela a besos
y comunicarnos con gemidos,
que los um, ah, mmm, ayayay
fueran nuestro único lenguaje.

Me quedaría un largo rato
pegado a tu cara,
masticando tu beso.

Aunque eso signifique un poema menos...

lunes, 24 de noviembre de 2008

Semental

Me soñaba semental,
me sentía cabalgado.

Desperté con una duda
en toda la cara:
¿oliste mis sueños?
y tus pechos,
                           que no tus labios,
me decían que sí.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Anzuelo de Silbidos




Tus nalgas
corazón
tienen imán de miradas
y se me antoja agarrarlas
para almohada
o cojín.

Eres un anzuelo de silbidos,
mammmita,
con cabello en hebras de obsidiana
que serpentea en cascada,
ojos carbones vivos,
la piel de miel lechosa
relamida,
boca como de ventosa
y labios caramelo
como para lamer.

Tienes un abrazo telaraña
que me invita a encerrarnos en capullo
y dos pechitos jitomates
con el tamaño justo
para llenarme la boca
de tu leche de mariposa
dejando uno libre
para compartirlo.

Porque compartimos la mitad
de tus gustos bicicleta
y me pierdo pensando
que nos pedaleamos el placer
disputándonos el centro
de un tercer par de piernas.

Cuando quieras te invito
a inventarnos el cariño,
las caricias
y a jugar billar
a tres bandas.


lunes, 17 de noviembre de 2008

Pequeño Cíclope Guiñol

Mientras dormía
tu lengua intentó despertar
al cíclope enano
bajo mi pubis.

Pero nuestro sueño era profundo,
así que te chupaste un dedo
para hurgar en mis profundidades.

Funcionó,
tu dedo me dio vida
como si yo fuera tu guiñol.

Violado y gozoso,
chupaste mi rencor
que se fue con el llanto del cíclope
hasta el fondo de tu boca.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Moisés

Me creí Moisés
separando tus aguas con mi voz
y mi barba,
comiéndome los sueños húmedos
de tu arbusto en llamas.

Hundí mi bastón en tu tierra
y despertaste a tiempo
para cerrar tus piernas
sobre mí.